¿Sabrías reconocer si tienes una enfermedad periodoncial?

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¿Te sangran las encías al cepillarte o espontáneamente? ¿Tienes mal aliento? ¿Notas que tienes los dientes “descarnados” o incluso que se te mueven?

Si la respuesta ha sido “sí” a alguna de estas preguntas, tienes una enfermedad periodontal.

¿Qué es la “enfermedad periodontal”? Es el nombre que se le da, de manera general, a las enfermedades de las encías. Existen 3 fases:

En primer lugar, la situación ideal, encías sanas. Se caracteriza por no ocasionar molestias, por presentar un color rosa coral y tener una textura con un punteado en forma de “piel de naranja”. Cuando existen factores irritantes, las encías se inflaman y causan la gingivitis. En este momento, las encías duelen, están hipersensibles, aumentadas de tamaño, sangran espontáneamente o ante determinados estímulos como el cepillado, presentar un color rojo vinoso y se puede percibir mal aliento. Y por último, cuando esta inflamación se perpetúa en el tiempo y se cronifica, causa la periodontitis (conocida popularmente como “piorrea”). Esta fase se caracteriza, además de por los mismos signos que la anterior, por ocasionar una pérdida de hueso que frecuentemente se acompaña de un “descarnamiento” de las encías, exponiendo mayor cantidad de diente. Además, en etapas avanzadas de la enfermedad, cursa con movilidad e incluso puede ocasionar la pérdida dental. Cuando una encía está inflamada se puede revertir dicha inflamación siendo tratada, volviendo a estar sana sin ocasionar efectos adversos permanentes, sin embargo, cuando no se establece un tratamiento a tiempo, se ocasiona la periodontitis, y aunque se pueden sanar las encías, los efectos secundarios de la enfermedad serán irreversibles.

Existen diversos factores de riesgo que pueden actuar como factores agravantes de la enfermedad como:

  • Diversos fármacos (antiepilépticos o antihipertensivos entre otros).
  • Enfermedades sistémicas como, por ejemplo, la diabetes mellitus.
  • La genética: debido a determinados polimorfismos en genes específicos o una manera de morder inadecuada (por traumatismo oclusal).
  • El factor indispensable para que se produzca dicha enfermedad son las bacterias, por lo que un requisito fundamental para su prevención es tener una exquisita higiene oral. Y por último, pero no menos importante, el tabaco. El tabaco es un factor que es imprescindible erradicar, ya que aunque se trate la enfermedad, nunca se va a obtener un control total de la patología si el paciente persiste en su hábito tabáquico.

En función de la fase de la enfermedad en la que te encuentres, el tratamiento difiere, pero, por lo general, suele ser preciso la realización de un periodontograma (o para que nos entendamos, un “mapa de las encías”) en el que se mide dónde está la encía y el hueso en relación a donde deberían de estar, y la diferencia entre el nivel de encía y el hueso, ya que al perder hueso se forma una “bolsa” que es imposible de ser limpiada por el paciente mediante la higiene en casa (ya que las cerdas del cepillo únicamente penetran alrededor de 1 mm de profundidad en la encía). Anualmente, o con la perioricidad que estime su dentista, será preciso limpiar de manera profesional su boca, mediante raspados y alisados radiculares. A su vez, obtenemos valores como el nivel de inflamación de las encías y el nivel de higiene que nos sirven como un punto de partida para tomar como referencia en futuras revisiones y que nos permiten saber que la enfermedad se está controlando, o si en cambio, sigue avanzando, por lo que sería preciso realizar un tratamiento complementario.

A grandes rasgos, cuando una persona tiene las encías sanas, únicamente sería necesario emplear un instrumento automático (ultrasonidos) para limpiar el sarro y la placa bacteriana (depósitos blanquecinos en la union del diente con la encía). Sin embargo, cuando existen bolsas periodontales profundas derivadas de la pérdida de hueso, este instrumento no nos permite limpiar en la distancia que se crea entre el borde de la encía y donde comienza el hueso, por lo que en estos casos sería necesario emplear unos instrumentos manuales llamados curetas, es lo que se conoce como raspado y alisado radicular. Con ello se busca que una vez limpias las raíces de los dientes, la encía se vuelva a adherir al diente, facilitando la higiene por parte del paciente y dificultando que las bacterias vuelvan a introducirse.

Es importante que los pacientes afectados de esta enfermedad sean conscientes de que es una enfermedad crónica, cuyo tratamiento no hace que se vuelva a crear hueso, si no que ralentiza o detiene el avance de la enfermedad. Además, es beneficioso en determinados pacientes especiales, tales como diabéticos, pacientes con cardiopatías o artritis reumatoide ya que ayudan al control de dichas enfermedades e impiden que se agraven. Por otro lado, en otro tipo de pacientes, como las mujeres embarazadas, los beneficios que se pueden obtener con este tratamiento son importantes, ya que durante los 9 meses aumentan los niveles de hormonas hasta en 30 veces y cambian los patrones de alimentación lo que inflama las encías (además de incrementar el riesgo de caries), pudiendo ocasionar en determinados casos, partos prematuros o bajo peso al nacer del neonato.

Si crees que tienes una enfermedad periodontal, ¡pide ya una cita con tu dentista de confianza!

Noticia obtenida desde  la web: http://www.dentistascoe.com